domingo, 17 de enero de 2010
crisis económica
Entramos en un año que, para los trabajadores y los sectores populares de todo el mundo, traerá aún más dificultades, penurias y desgracias. Las ganancias de los bancos y las bolsas no quieren decir que la crisis ha terminado, sino que su salvataje a costa de los contribuyentes mantuvo la burbuja financiera, lo cual hace que la inversión en ese sector especulativo sea más atractiva que invertir en la producción de bienes industriales. Las políticas de reanimación industrial que aplica la primera potencia mundial –Estados Unidos– agravan la crisis misma. En efecto, mantener y aumentar la producción subsidiada de automóviles equivale a un mayor despilfarro de materias primas, con un aumento de la producción de gases con efecto de invernadero que agravará el recalentamiento global. Y tanto la producción de energía nuclear como la de biocarburantes ejercerán una presión mucho mayor sobre los recursos hídricos, cada vez más escasos y amenazados por la privatización y a eso habrá que agregar sus costos en destrucción de suelos, en competencia con la alimentación o en contaminación por los residuos radioactivos. Enteros países africanos enajenarán sus tierras –como lo hace ya Etiopía– a China, Corea del Sur, India, que sembrarán en ellos los alimentos que necesitan, por supuesto a costa del hambre de los países huéspedes. La imposibilidad de llegar a un acuerdo en Copenhague sobre el problema climático debido a que cada potencia defiende a sus capitalistas a costa del futuro humano (incluida China) tendrá también enormes consecuencias pues la subida de los mares amenazará a todas las zonas y ciudades costeras (tanto en los países menos industrializados como en las metrópolis), la desertificación de enteras regiones y la creciente carencia de agua estará unida en otras zonas con grandes inundaciones y aumentarán la intensidad y el número de los cada vez más destructivos huracanes tropicales.
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